
Mientras que los esfuerzos en ingeniería genética y biología sintética suelen realizarse con fines alimentarios o sanitarios, el artista David Benque investiga el rol que podrían tener estas ciencias en la cultura. Acoustic Botany es un proyecto de ingeniería genética sonora aplicada a un jardín donde se cultivan especies de plantas genéticamente modificadas que interactúan con el reino animal. Un escosistema cuyo fruto es un producto musical orgánico que supone una nueva manera de explotar la naturaleza para el deleite humano, si es que todavía puede ser considerada naturaleza.
Entre las especies del proyecto figura un lirio amplificador gigante (giant speaker lilly), el cual atrapa insectos con su polen y los retiene durante 24 horas hasta que mueren. Durante ese tiempo la planta amplificará las vibraciones acústicas que provoca el insecto a través de una membrana colocada en la hoja. Otro ejemplo es el sonido obtenido a través de las frutos del nogal (string nut tree). Los insectos entran en la cáscara de la nuez y devoran la pulpa masticándola rítmicamente. Las cuerdas fibrosas sostendrán el fruto durante un par de días antes de caer a tierra, y mientras tanto la cáscara actuará como una caja resonante.
Puede parecer ciencia ficción pero es un proyecto que Benque ha presentado en la exposición Work In Progress de la Royal College of Art de Londres, y cuya cosecha musical se recogerá en los próximos meses.
El diamante mandarín además de ser un ave originaria de Australia reconocible por un plumaje de color crema y pico y patas de color rojizo, es el protagonista de la última instalación de Céleste Boursier-Mougenot en su búsqueda por crear paisajes sonoros de la forma más inesperada a partir de sonidos de la vida cotidiana. La instalación consiste en poco más que unas guitarras amplificadas y unas ramitas para facilitar que las aves con sus actividades rutinarias puedan crear un cautivador paisaje sonoro que haría las delicias tanto de Olivier Messiaen como de Derek Bailey.
A través de la grabación que contiene el vinilo del siguiente vídeo podemos analizar la longitud que conforma el surco del disco, la cual es exactamente de 1/4 de milla (402 m.). Las pulgadas (2,54 cm.) que recorre la aguja están señaladas con un click, los pies (30,48 cm.) con un beat, y los segmentos de 10 pies con un blip. A medida que la aguja se aproxima al centro, el sonido resultante pierde velocidad como consecuencia de la reducción de la distancia de cada revolución.
Este experimento titulado "Quarter Mile Groove" ha sido publicado hace unos días en Youtube pero fue creado en el 2008 por el artista Daniel Eatock, y producido por Malcolm Goldie. Gracias a Iain.
El mítico edificio londinense The Roundhouse se convertirá proximamente en un instrumento musical donde sus visitantes serán quienes ejecuten la música. El proyecto de nombre "Playing the Building" es obra de David Byrne, quien a partir de un viejo órgano de fuelle conectado una red de cables conectados a diferentes elementos de la estructura del edificio ha creado una ambiciosa instalación musical. El propio autor comenta que "las partes más típicas de los edificios pueden ser utilizadas para producir interesantes sonidos. Todo el mundo está familiarizado con el hecho de que si goleas una columna de metal, por ejemplo, se oye un ruido o un ping, pero me preguntaba si las tuberías podrían ser convertidas en flautas gigantes, o si una máquina puede hacer vibrar vigas y producir tonos." No es la primera vez que Byrne experimenta con el sonido y los elementos arquitectónicos de un edificio, el pasado año en una instalación que llevaba el mismo título que la presentada en Londres, convirtió el Battery Maritime Building en otro instrumento de proporciones monumentales. La instalación que transformará The Roundhouse en un gran instrumento podrá verse a partir del 8 de agosto y permanecerá abierta al público hasta el día 31 del mismo mes.

Músico experimental y artista sonoro de vanguardia