Tanto aquí como desde nuestra cuenta Twitter estamos insistiendo con las listas sobre lo mejor del año y de la década que la prensa musical ha ido desentrañando recientemente. No cabe decir que las sentencias que nos entregan los musicólogos profesionales resultan sumamente interesantes. Pero hay otro factor que puede despertar una mayor curiosidad. Me refiero a la música que realmente la gente escucha, independientemente del criterio artístico que ésta pueda tener. Como que las ventas de música son cada vez menos precisas para desvelarnos las preferencias musicales de los consumidores, resultan más convincentes los informes anuales que nos ofrecen servicios como Last.fm, o en menor medida Spotify. Los resultados del primero son por ahora mucho más determinantes por su capacidad de registrar mediante su AudioScrobbler cualquier canción.
Hechas las presentaciones, destacaremos brevemente que según Last.fm el álbum que más ha sonado en el planeta durante el año en curso ha sido The Fame (Interscope, 2008) de Lady Gaga (18.487.195 escuchas). Le siguen The Killers (12.471.571 escuchas), Lilly Allen (10.522.633 escuchas), The Prodigy (8.900.264 escuchas) y Frank Ferdinand (8.795.186 escuchas). La diferencia en la cantidad de escuchas entre los artistas situados en las primeras posiciones y el resto son abismales. Sólo hay que comparar los 18 millones y medio de la número 1 con las 280.965 escuchas de Vader, situado en la posición 500.
El informe de Last.fm es muy completo ya que viene acompañado de gráficas con la popularidad alcanzada a lo largo del año, así como de un medidor que han llamado Hype-O-Meter y que indica la rapidez con la que el artista se ha popularizado. Más interesante aun son las listas de lo más escuchado durante el año en cada género musical, a pesar de que los artistas están clasificados de una forma algo arbitraria. Con ello vemos que la vocalista Melody Gardot y su disco My One And Only Thrill (Verve, 2009) con 474.147 escuchas encabeza el número 1 en jazz y la posición 301 de la lista general. La música calificada como experimental curiosamente viene capitaneada por los omnipresentes Animal Collective y su aclamado Merriweather Post Pavilion (Domino, 2009). En cuanto al metal, Mastodon ha sido superado por Lamb of God y Rammstein. Como último ejemplo, la artista más escuchada en electrónica ha sido de nuevo la demoledora Lady Gaga, seguida por The Prodigy y Phoenix.
Resulta interesante comparar este informe sobre los hábitos de los usuarios de Last.fm con las listas con lo mejor del año según los críticos, pero también con otro que Last.fm publicó en octubre en el que informaba sobre la música más eliminada de los perfiles. Lo curioso del asunto es que la lista también viene encabezada por Lady Gaga. Dejo a cada cual sacar sus propias conclusiones.
La imprescindible The Wire ha vuelto a sorprendernos eligiendo mejor disco del año a Broadcast and The Focus Group investigate Witch Cults of the Radio Age (Warp, 2009). Como por ahora nuestras orejas siguen sin ser omnipresentes, este discazo nos había pasado desapercibido. Le debemos a ellos el gustazo de disfrutar de un trabajo tan elaborado como hermoso, repleto de psicodelia y de reminiscencias sonoras, que vuelve a hacernos pensar en aquel palimpsesto que recientemente relacionamos con la pintura de Anselm Kieffer cuando hablamos de James Leyland Kirby.
Nos detendremos con el videoclip de "I See, So I See So", y aparcaremos el resto de la lista para un futuro repaso conjunto de los rankings anuales.

Esta es una más de las frecuentes participaciones cinematográficas de los componentes de Can, cuyos trabajos fueron recopilados en el álbum Soundtracks (United Artists Records, 1970) así como en los diversas antologías de Irmin Schmidt en solitario. Kamasutra - La consumación del amor (en mi libre traducción al castellano) fue una de las primeras incursiones del cine alemán en el erotismo y la revolución sexual de finales de los 60. Tal y como explican en la web oficial del sello, muchas bandas y compositores de esa época se sintieron atraídos por la filosofía oriental y sus sonidos. Por ello este álbum es principalmente instrumental y hace uso de instrumentos como la flauta o el sitar. Contiene además un tema cantado por Margarete Juvan (I’m Hiding My Nightingale) y otro de especial interés porque quien pone la voz es Malcolm Mooney (There Was A Man).
La película contiene un breve cameo de The Inner Space donde además de I'm Hiding My Nightingale interpretan My Name is Joe, una canción que sería también recuperada posteriormente en el genial Delay 1968 (Spoon Records, 1981). Esta filmación es la primera que se conserva de la formación original de Can y gracias a Youtube podréis verles actuar en el vídeo que acompaña la noticia.
Kamasutra – Vollendung der Liebe está disponible en CD y en 2LP edición limitada en Crippled Dick Hot Wax!, y en formato digital vía Finetunes.
La siguiente animación sobre los derechos de autor ha sido realizada por la dibujante Nina Paley, y es la primera de una serie de memes de un minuto que está ideando para QuestionCopyright.org. La artista hace un llamamiento a los músico para que colaboren aportando instrumentación a las voces a cappella que ella ha incluido. Una versión en alta definición la podéis descargar en Archive.org. Vía Boing Boing.
Los críticos musicales se han apresurado tanto en publicar sus listas sobre los mejores álbumes de la década que no han dejado que el año concluya. La revista Pitchfork se adelantó publicando su ranking el día 2 octubre. Acto y seguido el resto de publicaciones se apresuraron para ofrecernos sus propias valoraciones en un afán que parecía querer demostrar que sus puntuaciones se basaban en criterios propios. Si bien es cierto que las revistas están muy al corriente de los álbumes que están por llegar, también es cierto que no se puede juzgar un libro mediante su portada, como nos aconsejaba Bo Diddley. Y más hoy día, cuando en un periquete cualquiera pone a circular sus canciones sin tener que vérselas con procesos kafkianos. Las posibles joyas que puedan haber surgido durante este últimos añicos de la primera década del siglo XXI en el futuro puede que obliguen a corregir las listas que hemos ido recopilando. Con más certeza, los posibles cambios serán inspirados por la clarividencia que nos ofrecerá el paso del tiempo.
Se ha podido leer que ésta ha sido una década esplendorosa. Vale la pena matizarlo. Nunca se había producido ni escuchado tanta música como hoy día. El acceso a la música se ha democratizado mucho y consecuentemente la cultura musical podría haber aumentado. Nuestros hábitos como consumidores han cambiado por completo. El ordenador se erige hoy día como el principal reproductor musical y su llegada ha obligado a la industria musical a reinventarse o morir. Pero no hay de qué alarmarse. A pesar de las amenazas populistas que difunden algunos desesperados, me arrimo a Schopenhauer para reiterar que la música siempre seguirá existiendo.
Ahora bien, ¿en qué nivel se encuentra la calidad musical de la primera década del milenio? Es difícil juzgarlo si lo comparamos con lo que dieron de sí sus antecesoras. Han surgido grandes artistas y grandes obras. pero también ha habido un abuso de revisionismos y neologismos. Los géneros se han mantenido más o menos estables a pesar de que se han multiplicado los subgéneros, así como los subgéneros de éstos. Tomaremos como ejemplo a Animal Collective. Muchos los señalan como uno de los grupos más originales de los últimos años a pesar de que Smells Like Brian Wilson. Los abanderados de las décadas pretéritas generaron una confrontación mayor con lo establecido. Es simplemente una observación, sin ánimo de entrar en valoraciones. Da la impresión que las grandes revoluciones musicales quedaron aparcadas en el siglo XX. Otro ejemplo lo tendriamos con Burial, el músico electrónico revelación del último lustro cuyos galardones generan un absoluto consenso. A pesar de su esplendorosos trabajos, su aparición como fenómeno no puede equipararse a lo que supusieron grupos como Daft Punk en los 90 (gracias a James Murphy, el cual se atrevió a pincharlos en el CBGB según reza "I'm Loosing My Edge", una de las grandes canciones de esta década).
Volviendo a las listas, sean cuales sean tus gustos resultan sumamente interesantes ya sea por curiosidad o para descubrir aquel disco "imprescindible" que en su día nos pasó desadvertido. Hemos recogido los resultados de ocho publicaciones. The Wire desgraciadamente nos han comunicado que no tienen intención de elaborar su propia lista. Y estaremos atentos a Last.fm para cuando nos cuenten qué es lo que más hemos escuchado. Como podréis advertir a continuación existe una cierta unanimidad de criterios para evaluar los mejores trabajos de la década. No es tarea fácil ponerles nota y por lo tanto dejamos que sean los profesionales quiénes nos lo cuenten:
Como cada año la conferencia SIGGRAPH presenta las diferentes innovaciones que deberán cambiar la manera en que percibimos las cosas a través de la tecnología, ya sea mediante un ordenador, la televisión, el móvil, etc… De entre las novedades que podrán verse esta semana en la ciudad de Yokohama destacaría la jam session entre dos músicos muy especiales: Shimon y la aplicación para iPhone ZOOZbeat.
Shimon es una creación del Georgia Institute of Technology que supone un salto cualitativo en el diseño de robots "músicos". Lo que destaca a este robot respecto a otros similares es su capacidad de improvisación, escuchando la música de otros instrumentos y expresando espontáneamente unas interesantes "ideas" en forma de notas musicales en una marimba. Su pareja para esta ocasión es ZOOZbeat, una aplicación de iPhone que interpreta sonidos mediante los movimientos que se efectúen al teléfono; basta con sacudir el terminal para que el programa interprete los gestos y los transforme en música. Lo que sigue es uno de los ensayos previos al concierto que los asistentes al SIGGRAPH tendrán oportunidad de ver en directo.
Hay músicos tímidos. Resulta increíble pensar que tanto contacto y exposición a la gente pueda ocasionar esa extraña huida y abandono de los instrumentos. Habrá quién recuerde de vez en cuando las hazañas de los años juveniles de esos desaparecidos y, cómo no, en Retroriff nos conoceréis por nuestro nombre: nos complace andar con el pañito que desempolva los antiguos tesoros musicales, ya que en los prehistóricos años 50, 60, 70 e incluso (sic!) 80 uno puede encontrar unas muestras insólitas de la fuerza del olvido humano y la evolución exprés a la que está sometido nuestro universo musical. Así aparece la idea de esta serie, sobre los músicos “tímidos” que empezamos con Marc Hollander, el artista de Bélgica que nos reveló su gran talento hace años luz e inesperadamente desapareció de los escenarios para dedicarse a su particular filosofía musical, encarnada en el sello discográfico Crammed Discs.
Hollander fue el padre biológico de dos grupos belgas: Aksak Maboul y The Honeymoon Killers, y padre adoptivo de otras decenas a través de Crammed, que este año celebra su 25 aniversario.
Si la música de Marc no suena en vuestras memorias sonoras, buscad entre los colaboradores de Fred Frith, amigos de John Lurie o Arto Lindsay. Toda su carrera de músico se cerró entre los años 70 y 80 cuando era uno de los multiinstrumentistas más versátiles y rompedores de la escena europea y neoyorquina (tocaba todo tipo de pianos, clarinetes, saxos y otros vientos...). Experimentador, burlador y freaky de Bruselas aparcó su enorme talento – que daría para numerosos proyectos más – para dedicarse plenamente a investigar las “músicas del mundo”. Fruto de esas fascinaciones, Crammed Discs, que empezó con la oscuridad ochentera de Tuxedomoon o con Aksak Maboul – hoy día es el principal referente de lo calificado con etiquetas torpes de “world music”. “mestizaje”, “etno” etc, etc...
Marc Hollander junto con su mejor amigo y productor, Vincent Kenis, son los responsables de traer al Occidente a los congoleños vibrantes de Konono N1, gitanos locos Taraf de Haidouks o Kasai Allstars... Como investigador de la música alejada de los oídos europeos Hollander tiene mucho mérito y sigue siendo galardonado en los festivales como WOMEX o BBC. No obstante, el catálogo de Crammed refleja la inquietud de su fundador – lleno de contrastes, despliega las vanguardias ochenteras, rock progresivo, bossanova, pero también las aventuras soul y pop, como el último fichaje triunfador del productor de Jamie Lidell – Mocky.
Sin quitarles el mérito de esa espléndida labor descolonizadora, gracias a la cual, los rumanos gitanos Taraf de Haidouks o los cojos-cojonudos Staff Benda Billi dejan de ser meras curiosidades etnográficas para subir a escenarios de grandes festivales occidentales, os recomiendo escuchar la propia producción musical del creador belga. Música cosmopolita, pícara y sorprendente.

Con el título de "Heligoland" los británicos Massive Attack presentarán el próximo 8 de febrero el que será su quinto álbum de estudio tras cuatro años de silencio. Para promover este nuevo trabajo han contado con la ayuda del director Toby Dye, quién ha realizado el videoclip de un primer single (Paradise Circus), que seguramente dará que hablar, ya sea por la música o por el contenido explícito del mismo. La ex estrella del porno, Georgina Spelvin, nos describe su experiencia sexual durante los veinte años que trabajó como profesional del cine X. Las imágenes de la película "The Devil in Miss Jones" (1973) se mezclan con la sincera confesión de su protagonista, Massive Attack y la inconfundible voz de la cantante Hope Sandoval...
El disco, además de la cantante de Mazzy Star contará con la colaboración de Robert Del Naja, Grant Marshall, Horace Andy, Tunde Adebimpe, Martina Topley Bird, Damon Albarn y Guy Garvey.
A sus 60 años, Larry Ochs vivió ayer uno de los capítulos más hilarantes de su larga trayectoria. Su actuación en el V Festival de Jazz de Sigüenza fue interrumpida por la guardia civil después de que un asistente le denunciara por estar interpretando una música que a su juicio no era jazz, sino música contemporánea. Parece ser que el denunciante alegó que este tipo de música lo tiene "contraindicado psicológicamente" por prescripción médica. Uno de los policías apoyó la querella alegando que tenía conocimientos musicales suficientes como para darle la razón. Aunque parezca un gag humorístico, sucedió de veras y tuvo que intervenir el mismo alcalde para poder resolver el conflicto ante los espectadores, los cuales no podían creer que aquello estuviera sucediendo.
Lo que no llegó a sucederle a ornette Coleman 50 años atrás, le ha tocado al pobre Larry Ochs. Pasmado, el cofundador del seminal Rova Saxophone Quartet alegó ""Yo creía haberlo visto todo, pero es obvio que estaba equivocado". En caso de que el asunto llegara a los tribunales, será interesante escuchar al fiscal determinar donde empiezan y terminan las fronteras de lo que se conoce como jazz.
Os dejo con una actuación de Ochs acompañado del guitarrista Nels Cline para tener presente el tipo de música que provocó el altercado. Vía El País.
Un ingenioso vídeo que analiza la música utilizada por The Prodigy en "Smack My Bitch Up" nos servirá de excusa para ofreceros una tercera entrega de la sección Samples. Firmado por Chipolata Productions, "How was done Smack my bitch up" despedaza cada uno de los samples utilizados en el polémico hit que lanzó el grupo británico en 1997. El vídeo es tan ilustrativo que podríamos tildarlo de manual do it yourself con el que, partiendo de los originales, cualquiera podrá recrear su propia versión.
Estos serían los temas íntegros a los que da el crédito el vídeo anterior:
Kool & The Gang, "Funky Man"
Ultramagnetic MCs, "Give the Drummer Some"
Randy Weston, "In Memory Of"
Un reciente segunda parte de "How was done Smack my bitch up" cita dos referencias más:
Mixmaster Gee And The Turntable Orchestra, "Like This"
Andy Williams, "Music To Watch the Girls Go By"
Algunos etnomusicólogos sostienen que la música de los inuit constituye un testimonio de las formas más primitivas del canto humano. Se trata de un canto armónico que supone una ruptura estilística con el canto natural, una búsqueda por comunicar emociones trascendentales mediante la propia esencia del sonido. Estos cantos que no tienen textos, sino expresiones sin sentido o de significación olvidada, fueron prohibidos por los sacerdotes cristianos durante casi cien años – a pesar de su carácter aparentemente secular – y surgieron como un modo de entretenimiento entre las mujeres en tiempos en que los hombres partían de caza. A diferencia de otros cantos armónicos de otras regiones del mundo, en particular del Tíbet, Mongolia y Tuva, las "cantantes" inuit sólo cantan a dúo con las bocas enfrentadas a muy poca distancia y así poder usar la cavidad bucal de la otra contrincante como resonador acústico.
Estos duelos habitualmente duran dos o tres minutos, y en cualquier momento, una de los dos mujeres puede decidir cambiar el motivo; la segunda mujer debe seguirla a pesar del cambio, y el nuevo motivo se repite hasta que escuchamos un nuevo cambio. La ejecución debe durar lo máximo posible y requiere aguante. Si una de las mujeres se queda sin aliento o se desincroniza con su compañera, la ejecución termina y con ello pierde el juego. Vía Sibetrans
El pasado sábado 28 de noviembre fue presentado en Londres el innovador piano que durante 10 años ha estado gestando el compositor Geoff Smith. El fluid piano es un instrumento microtonal que permite modificar el tono de las teclas antes o durante la interpretación, pudiendo precisar intervalos menores de un semitono por nota. Esto supone un cambio substancial en la tradición pianística ya que hasta ahora el intérprete debía limitarse a una tonalidad preestablecida, la cual ha sido predominantemente la escala cromática occidental. Con ello el músico va a poder experimentar con una inmensa diversidad de tonalidades a medida y hacer uso de escalas de otras regiones, como por ejemplo las originarias de Oriente Medio o la India.
Después de la expectación generada, finalmente se ha difundido un vídeo en el que se nos muestra las posibilidades que nos ofrece el fluid piano. Su antecesor fue inventado hace 300 años y desde entonces han habido varios experimentos para ampliar sus capacidades, como por ejemplo el piano preparado. Ahora habrá que ver si el fluid piano consigue substituir al piano como en su día éste aparcó el uso de los teclados de cuerda rasgada.

El nombre Technics fue presentado por primera vez en Japón en el año 1965 como una empresa de altavoces de alta calidad. La marca se hizo popular con las altas ventas de su primer tocadiscos de tracción directa pero no fue hasta 1972, ya con la serie 1200, que acabara convirtiéndose en la elección habitual de clubes y profesionales y en consecuencia en un estándar. Desde su presentación lleva vendidas más de 3 millones de unidades en todo el mundo.

Ha transcurrido más de medio año desde entonces y el software de Spotify sigue todavía en pañales con su version 0.3. El repertorio musical crece día a día, así como las plataformas desde las que podemos usarlo: Mac OS, Windows, Android, iPhone, y ahora también Symbian (sistema operativo de los smartphones Nokia). Como decíamos las mejoras que han realizado al software desde su lanzamiento han sido escasas. Entre las más destacadas, la de mantener música disponible cuando estamos desconectados, una mejora de calidad del sonido para los usuarios premium, y la posibilidad de descargar canciones mediante pago previo. Es fácil imaginar que las posibilidades que nos depara el futuro son muchas y que versiones venideras pueden harán que este producto sea todavía más apetitoso, siempre y cuando la falta de miembros premium no les obligue a cerrar el proyecto.
A expensas de nuevas versiones, si queremos sacarle un mayor partido a su repertorio debemos recurrir a algunas aplicaciones y servicios no oficiales. Hace pocos meses Spotify liberó su librería API para todo aquel que se preste a desarrollar sus propias aplicaciones, lo cual ha contribuido mucho a incrementar su desarrollo. Veamos algunos ejemplos interesantes:
El caso “Polanski” parece estar dando un giro estos días. El acusado va rebuscando en sus cuentas los 3 millones para que la justicia americana con la mano diligente suiza le deje cumplir su pena encarcelado en su propia casa, de igual manera que Fidel Castro se apiadaba de los homosexuales cubanos en los años 60.
Sumergidos en el mar de noticias morbosas sobre el director de origen “franco-polaco” derramados en todos los periódicos mundiales, os propongo que hagamos un viaje a los tiempos cuando Polanski era solo “polaco” para rescatar lo que a nosotros nos interesa más: la música.
Las grandes películas de Polanski de esos tiempos – El cuchillo en el agua, La semilla del diablo, El baile de los vampiros, Repulsión llevan la estampa de un hombre, cuyo verdadero nombre – Krzysztof Trzcinski – en el impronunciable polaco resultó ser cambiado por el seudónimo: Komeda. El compositor predilecto de Roman, su amigo del alma hasta su muerte en el 1969, “salió del armario” gracias a un corto que joven Polanski realizó en la escuela de cine de Lodz en 1958. Dos hombres y un armario sigue siendo una pequeña joyita del cine mundial que poco ha brillado, por ser casi totalmente desconocida. Rodada en la costera ciudad de Sopot – cuna del jazz polaco (si la etiqueta “Polish Jazz” no os suena de nada, tenéis un deber por hacer...) con la música medio improvisada de Komeda y su incipiente sexteto justo después del primer brote de la libertad jazzera entre los años 1957-1958 (los primeros festivales de jazz en Polonia).
Komeda, un médico que abandonaba la carrera fascinado tanto por el piano y hard bop, como por la cautivante gloria de la bohema de los proscritos del régimen comunista (el jazz en la Polonia comunista era considerado “imperialista”, por lo cual estaba muy mal visto por las autoridades), a parte de ser estrella del género americano, componía soundtracks a un ritmo vertiginoso. La música para Dos hombres derrocha frescura y belleza, dejando también entrever el talento venidero de Komeda, bautizado “Miles Davis” polaco (los que tocaron con Komeda son héroes hoy día). El cortometraje cuenta una historia sin palabras, con la música como una realidad paralela a la marcha melancólica de dos hombrecitos con un mueble por las calles llenas de incomprensión, palizas y desilusión. La película, aunque pilló a Komeda y Polanski en su juventud, comprime y acerca sus estilos y personalidades mejor que cualquier otra: la brutalidad de la vida y la ternura del ser humano, traducidos musicalmente al diálogo entre el hard bop con una balada, quizás una nana. Colaboraron juntos hasta la inesperada muerte de Komeda en un accidente de coche en 1968 justo después del gran éxito común en Estados Unidos de Rosemary’s Baby [Semilla del diablo]. Fue una de las terribles muertes que tanto marcaron la vida del gran director encarcelado y que algunos pretenden de resaltar en nombre de la “defensa” de ese hombre genial, pero perturbado por los dramas que la vida no le ha ahorrado. Dejando de lado todo este jaleo, veamos la película, 10 minutos del mejor cine y de la mejor música de hace medio siglo:

Músico experimental y artista sonoro de vanguardia